Este curso, va a ser realizado por todos los profesionales que dependen de la Dirección de Enfermería del Hospital.
Por el mismo han pasado ya cerca de 300 personas y se espera que a finalizar el año se complete en su totalidad.
Como punto de inicio, decir que toda profesión sanitaria, debe ser vocacional, aunque parezca un término manido. Y debe ser así porque para poder realizar nuestro trabajo de forma satisfactoria, la entrega a los demás debe ser la clave de nuestro quehacer diario.
La empatía, que no puede ser más que la compresión y participación del sufrimiento de los demás, hace que seamos mejores profesionales, mas cálidos en los cuidados, cercanos, y por tanto más influyentes también en las decisiones que en ocasiones deben tomar los propios pacientes.
La confianza que generamos es inmensa, sobre todo cuando cuidamos detalles tan esenciales como son el manejo de la intimidad del paciente, los comentarios inadecuados en las habitaciones, hablar de forma clara y sin tecnicismos, etc...
Parafraseando a unos de nuestros entrevistados para el curso, la importancia de un hospital en su mayor grado viene dada por los profesionales que lo componen, y dando un porcentaje, quizás sea un 30% la importancia de las instalaciones y un 70% la del personal.
Por tanto no debemos fallar en algo tan importante como la cercanía al paciente, el saber dar noticias, informaciones de su estado de salud, sobre las espectativas y metas durante su estancia o algo tan básico como ayudarles a encontrar los distintos servicios del hospital.
La excelencia de los cuidados está claro que pasa por protocolos, planes de cuidados y estandarización de los mismos, pero también por la empatía, el cariño, la calidez y la amabilidad, es decir intentar hacer que la estancia en nuestros centros sea menos complicada para el paciente y sus familiares.